La atención a las naves graneleras y a las que transportan carga fraccionada en los puertos y terminales marítimos de Chile enfrenta un contexto de creciente incertidumbre. Así lo ha indicado Gonzalo Fernández, presidente de la Asociación Nacional de Agentes de Naves de Chile (Asonave). Este tipo de buques deben lidiar con una serie de limitaciones operativas en las instalaciones portuarias, correspondientes a una realidad que parece, en muchos aspectos, más desafiante que la que vive el segmento de portacontenedores. Las declaraciones de Fernández se sustentan, además, en las preocupaciones expresadas por Maximiliano Alcorta, gerente regional para la costa oeste de Sudamérica en Mediterranean Shipping Company (MSC), quien ha advertido sobre la disminución de la productividad en los terminales chilenos y la reducción de los movimientos de contenedores por hora.
Fernández señala que, aunque las naves portacontenedores también enfrentan incertidumbres operacionales, la situación para los barcos que transportan carga a granel o carga fraccionada es incluso más crítica. Esta afirmación se debe a que los portacontenedores suelen tener prioridad al momento de ser atraqués en los puertos, lo que crea un contexto donde las naves que manejan otro tipo de mercancías son frecuentemente relegadas. Esta dinámica genera incertidumbre en la planificación de las operaciones de las navieras responsables de las cargas menos prioritarias, como son los graneles o fraccionados.
Un ejemplo ilustrativo de esta problemática se puede observar en el Puerto de San Antonio. En este terminal, las naves que son atendidas en el muelle de QC Terminales deben estar sujetas a los movimientos de los grandes buques portacontenedores. Esto puede resultar en situaciones donde estos buques de carga menor deben abandonar temporalmente su espacio de atraque para facilitar la entrada o salida de los portacontenedores. Este tipo de maniobras, además de generar contratiempos operativos, conllevan costos adicionales que, en última instancia, deben ser asumidos por las propias navieras, lo que afecta su rentabilidad.
Adicionalmente, la situación de los graneles sólidos, como los granos, añade otra capa de dificultad. La congestión en terminales especializados, como el terminal Panul, puede resultar especialmente problemática, dado que no siempre existen alternativas viables en otros terminales para atender estas cargas. Como resultado, las navieras se enfrentan no solo a demoras en el proceso de descarga, sino también a costos imprevistos y a la pérdida de oportunidades comerciales, lo que repercute negativamente en el comercio exterior chileno.
Ante este panorama, Gonzalo Fernández destaca que el desafío para mejorar la productividad portuaria va más allá de cuantificar los movimientos por hora. Se requiere establecer mayores certezas operacionales, optimizar la asignación de sitios de atraque y fortalecer la coordinación entre los distintos actores del sistema portuario. En este sentido, Chile necesita avanzar hacia puertos más eficientes, pero, además, es esencial garantizar condiciones operativas predecibles y equitativas para los diversos tipos de naves y mercancías que son fundamentales para el comercio exterior del país.







