El Gobierno de Yemen, reconocido internacionalmente, ha denunciado un nuevo ataque por parte de los hutíes, quienes dispararon seis misiles balísticos hacia el Puerto de Moca, ubicado en el mar Rojo. Este ataque ha resultado en la trágica muerte de al menos cuatro civiles. Este incidente se produce en un contexto de intensificación de los enfrentamientos entre los hutíes, que cuentan con el respaldo de Irán, y las fuerzas leales al Gobierno yemení que reciben apoyo militar por parte de Arabia Saudí. Además, el conflicto se complica por la escalada de tensión en la región, originada por los enfrentamientos entre Estados Unidos e Israel contra Irán, lo que podría reavivar la guerra en Yemen y extenderla a un conflicto más amplio en la región.
Las fuerzas armadas leales al Gobierno yemení afirmaron que el ataque de los hutíes tuvo como objetivo infraestructuras civiles y activos nacionales en el puerto. En consecuencia, además de las muertes humanas, varias embarcaciones pesqueras resultaron incendiadas. Por su parte, los hutíes han señalado que el ataque se dirigió contra objetivos militares y han asegurado que destruyeron armamento y naves pertenecientes a lo que ellos llaman “mercenarios” y fuerzas militares respaldadas por Arabia Saudí. Esta retórica sugiere una intensificación de la justificación por parte de ambos bloques en la guerra yemení, marcada por acusaciones mutuas y un aumento de la violencia.
En un desarrollo paralelo, la agencia de noticias SABA, controlada por los hutíes, informó que el grupo había llevado a cabo un ataque con drones a una instalación de Aramco en Najran, Arabia Saudí. Una fuente militar citada por SABA indicó que este ataque fue una respuesta ante la supuesta incursión de aeronaves militares saudíes en el espacio aéreo de la provincia de Saada en el noreste de Yemen. Aunque el informe no detalla si el objetivo fue alcanzado, subraya la capacidad de los hutíes para proyectar su poder más allá de las fronteras yemeníes, indiscriminadamente a las instalaciones saudíes.
La reciente escalada de hostilidades se ha visto acompañada por nuevas acciones ofensivas, ya que el 13 de agosto, los hutíes afirmaron haber lanzado un ataque con drones contra una refinería de Aramco en Jazán, Arabia Saudí. También, el 20 de julio, anunciaron un bloqueo naval contra Arabia Saudí en el mar Rojo, describiéndolo como una reacción a un asedio saudí sobre Yemen, algo que el Gobierno de Riad rechaza. Esta cadena de eventos resalta la naturaleza volátil de la situación en la península arábiga y pone en relieve la falta de mecanismos eficaces para mitigar la violencia en la región.
En respuesta a estos ataques, la coalición liderada por Arabia Saudí ha llevado a cabo operaciones aéreas contra lo que se dice son instalaciones militares hutíes en la ciudad portuaria de Hodeida, vinculadas a amenazas para la navegación comercial en las aguas del mar Rojo. Yemen sigue atrapado en un conflicto que se ha prolongado desde que los hutíes capturaron la capital, Saná, en 2014, lo que llevó a una intervención militar saudí en 2015. A pesar de una disminución significativa de los combates tras una tregua auspiciada por la ONU en 2022, los esfuerzos por encontrar una solución política duradera a la crisis yemení han tropezado con un estancamiento, dejando al país al borde de una nueva escalada del conflicto.








