El reciente encuentro entre el CEO de Penn America Energy Holdings, Franc James, y funcionarios de la Casa Blanca ha generado expectativas sobre la construcción de una nueva terminal de gas natural licuado (GNL) en las cercanías de Filadelfia. Este proyecto, que ha estado en desarrollo por varios años, busca exportar 7,2 millones de toneladas anuales de GNL a los mercados de Europa y Asia. Sin embargo, la propuesta enfrenta desafíos significativos debido a la fuerte oposición de la comunidad local, que ha manifestado sus preocupaciones respecto a los impactos ambientales y el uso del terreno en una región que históricamente ha sido un centro industrial.
Filadelfia, que en su apogeo fue un núcleo de refinación de petróleo, ha visto un notable declive en su infraestructura energética en las últimas décadas. El cierre de plantas de refinación ha dejado un vacío en el sector energético de la región, lo que ha llevado a las autoridades a buscar alternativas como la utilización del gas natural abundante en el oeste de Pensilvania. Sin embargo, la propuesta de construir nuevas instalaciones de GNL en el área densamente poblada del este ha encontrado resistencia, lo que ha complicado los esfuerzos por revitalizar la industria energética local.
James destacó en su reunión que las condiciones para desarrollar un proyecto de GNL en el noreste de Estados Unidos son considerablemente diferentes a las de la Costa del Golfo, donde la industria ha prosperado. Subrayó la necesidad de obtener un amplio apoyo político y comunitario, así como de resolver cuestiones relacionadas con la infraestructura de tuberías y la logística a lo largo del río Delaware. Además, mencionó que la compañía está explorando otras ubicaciones en Trainer, Marcus Hook y Eddystone como posibles alternativas a la planta original en Chester.
El apoyo del senador estadounidense Dave McCormick, republicano por Pensilvania, al proyecto representa una ventaja potencial, aunque la respuesta del senador demócrata John Fetterman aún es incierta. Los permisos necesarios para llevar a cabo este tipo de proyecto abarcan niveles federal, estatal y local, lo que añade complejidad a la situación. Analistas del sector advierten que el objetivo de poner en marcha la planta para 2030 es una meta ambiciosa, considerando tanto el tiempo como los recursos financieros que se requerirían.
Analistas como Alex Munton han señalado que, pese al interés político, el proyecto enfrenta importantes objeciones por parte de la comunidad local, así como la dificultad de viabilizarlo en un entorno regulatorio complejo. Comparado con otras iniciativas de GNL en el país, este proyecto encara desafíos que limitan su viabilidad. Ira Joseph, experto en el campo del GNL, concluyó que el apoyo político no es suficiente por sí solo y que la combinación de los desafíos financieros, sociales y ambientales hará de este un proyecto difícil de realizar.








