Los recientes ataques aéreos estadounidenses en la terminal de combustible de Ras Isa, en la costa del Mar Rojo, han dejado un saldo de al menos 74 personas muertas, según el Ministerio de Salud que opera bajo el control del grupo insurgente hutí. Este ataque se considera la acción más letal desde el inicio de la campaña de bombardeos de Estados Unidos contra los hutíes en el año anterior. La escalada de hostilidades llega en un momento crítico, ya que el presidente Donald Trump ha ordenado el aumento de la ofensiva militar, marcando un nuevo capítulo en la intervención estadounidense en Oriente Medio desde su asunción en enero.
Las autoridades yemeníes reportan que, además de los 74 muertos, 171 personas resultaron heridas en estos ataques. Anees al-Asbahi, vocero del Ministerio de Salud hutí, indicó que los esfuerzos de rescate están en curso a medida que se busca dar con más víctimas en la zona. El ejército estadounidense ha justificado los bombardeos alegando que su objetivo es interrumpir las operaciones de combustible del grupo hutí, que, según informan fuentes locales, tiene una fuerte presencia militar en la zona y controla un puerto vital para la importación de combustible en Yemen.
El ataque a la terminal de Ras Isa ha sido duramente criticado por varios sectores, sobre todo por incluir entre las víctimas a trabajadores de la Safer Oil Company y Yemen Petroleum Company, entidades responsables de la operación y supervisión del puerto. A pesar de las alegaciones sobre la naturaleza militar de estos ataques, el Comando Central de Estados Unidos no ha comentado sobre las cifras de fallecidos proporcionadas por el Ministerio de Salud yemení, generando preocupación en la comunidad internacional sobre el impacto humanitario de estas operaciones.
Desde el final de un alto el fuego en Gaza, los hutíes han reanudado las amenazas contra el transporte marítimo en el Mar Rojo, considerando sus ataques como una forma de solidaridad con los palestinos. Estos ataques aludidos han sido en su mayoría contra embarcaciones vinculadas a Israel. A pesar de esta realidad, las autoridades aseguraron que, desde que se reactivaron los bombardeos israelíes, no han lanzado ataques a objetivos en el Mar Rojo, lo que indicaría una posible estrategia de espera ante un conflicto en aumento.
Por otro lado, información no confirmada sugiere que un petrolero turco resultó dañado durante la ofensiva estadounidense, apuntando a un incumplimiento del embargo sobre Yemen. En el contexto de la guerra civil que azota al país desde hace una década, los hutíes han encontrado en el control del comercio de combustible una de sus principales fuentes de poder económico, con ingresos que ascienden a cientos de millones de dólares al año. Este reciente ataque pone de manifiesto la complejidad del conflicto y la creciente interacción entre las potencias regionales y los actores no estatales en la región.








